Ecología












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Documentos que nos ayudarán a entender la Red Natura 2000

Convención Diversidad Biológica

En el primero de los documentos se habla de los beneficios económicos de la Red Natura 2000.

En el segundo de los documentos se habla de los mitos que existen sobre la Red Natura 2000 desde la WWF.

naturaproceedings.pdf

mitos_red_natura_20001.pdf

Fecha alta: 15/05/2008


Debajo del parquing de la Universidad está la huerta 

Por David Hammerstein y Mara Cabrejas, profesora de la Universidad de València
Enormes manchas como el chapapote se extienden sobre una gran parte de la huerta del Camí de Vera, ahora convertida en Campus de las dos universidades públicas de Valencia. El negro asfalto sobre el que se asienta el saber académico reina sobre lo que durante siglos ha sido un complejo y multicolor mosaico de alcachofas, alquerías y acequias. Son centenares de coches de profesores y estudiantes los que ahora amputan la tierra fértil a modo de expresión práctica del grado de conocimiento y de tolerancia que la Universidad practica sobre su entorno más inmediato. 

Pero quizás, no hay que extrañarse tanto de estas cegueras destructivas sobre las últimas bolsas de huerta que nos quedan. Sabemos que "lo verde o lo sostenible" se utiliza retóricamente y con mucha comodidad cuando se trata de ideas abstractas y referidas a lugares lejanos que no nos comprometen directamente. Preservar los bosques lejanos o luchar contra el cambio climático producido por la polución industrial, son ideas que circulan abundantemente y que están presentes en los discursos sociales y políticos al uso y al abuso. Pero paradójicamente, la ecología práctica no suele entrar en la inmediatez de nuestras vidas cotidianas. Así, instituciones valencianas tan centrales como es la Universidad, dan la espalda al medio biofísico próximo que degradan día a día. 

Hoy, cualquier compromiso práctico con la preservación de la calidad de vida y la salud de la gente pasa por el cuidado y la protección del medio ambiente cercano. Porque no hay fronteras claras que separen el medio ambiente externo de la naturaleza interna de nuestros cuerpos y nuestras vidas. Pero las instituciones públicas aún no miran la ecología práctica de nuestras vidas diarias, ni en lo que comemos, ni en como nos movemos, ni en como construimos nuestras casas, ni en los objetos y servicios que compramos. Al contrario, lo que imperativamente manda son los girasoles para las ideas y las excavadoras para las prácticas. 

Si el compromiso real con la sustantabilidad implica cambios políticos importantes, también exigirá una gran transformación cultural que deberá afectar a todos los campos sociales. La Universidad podría ser uno de los lugares más propicios para comenzar a fomentar otras formas no sólo de pensar sino de hacer el mundo, afrontando así las nuevas mutaciones socio-ecológicas que nos afectan y amenazan. 

Aunque sabemos que la Universidad no tiene las competencias sobre la planificación urbanística, en cambio sí que puede adoptar una ejemplaridad pública en sus demandas y decisiones. En lugar de diseñar más y más aparcamientos para enterrar miles de metros de huerta con alquitrán, quizás debería estar exigiendo una drástica mejora en el servicio de transporte público para alumnos y profesores, por ejemplo. Y para comenzar a saldar su deuda histórica con la huerta que ocupa, la Universidad podría comenzar a defender cada palmo tierra agrícola que queda. En sus contratas de servicios de cafetería y comedores, podría también asegurar la compra de productos locales y ecológicos de la huerta. También se podría montar un mercado eventual de productos de la huerta dentro de su propio recinto. 

¿Qué dicen a esto los sindicatos de estudiantes y de profesores? ¿Qué opina el claustro y el equipo rectoral? 

Si en el Mayo 68 los estudiantes que se movilizaron en París gritaban "debajo los adoquines está la playa", ahora los universitarios podrían reivindicar que "debajo la Universidad está la huerta". 

Pero la desprotección de la huerta es sólo una agresión más entre las muchas existentes. El medio ambiente que atraviesa todas las prácticas y relaciones sociales cotidianas, está marginado en las decisiones de la Universidad. Los modelos de transporte y de ordenación del territorio reflejan las peores tendencias de la destrucción ambiental, sin que haya el más mínimo pataleo ni propuestas alternativas por parte de mundo universitario. Muchos de los edificios y entornos nuevos recientemente creados, son claros ejemplos de despilfarro energético y de materiales. Sus construcciones no incorporan los elementos y diseños bioclimáticos mínimos y necesarios para el ahorro y el bienestar. Las energías limpias como las instalaciones de energía solar o la fotovoltaíca son muy escasas o brillan por su ausencia. No existen criterios ambientales para las compras universitarias de materiales como madera certificada, pinturas y barnices no-tóxicos. Los criterios ecológicos están ausentes en su mantenimiento y en las compras que realiza de servicios y objetos de todo tipo, desde los materiales aislantes en los edificios hasta los envases y productos de las máquinas expendedoras en los pasillos. 

Tampoco se dan las mínimas exigencias ecológicas en las licitaciones y contratas. Se podría decir que su analfabetismo ecológico se expresa en todos los aspectos de su construcción y rutinas diarias. 

Si es bueno el comercio justo para las personas, ¿por qué no puede serlo para las grandes instituciones como una Universidad? Por supuesto que también para otras, como los Ayuntamientos, Hospitales, Colegios, empresas... Pero a las universidades cabe exigirles que vayan por delante: su existencia se justifica porque saben más, algo que sería más creíble si demostrasen ser capaces de hacerlo mejor. 

La buena idea de sustentabilidad no nos servirá de nada si continuamos con las superficiales y cosméticas políticas ambientales. O penetra todos los días en nuestras pautas de vida, producción y consumo o apenas nos servirá para afrontar los graves problemas del presente. Porque el futuro de los ecosistemas que dan soporte a nuestras sociedades no es una cuestión sólo teórica y académica, sino algo palpable, comestible y respirable. Si queremos un futuro de bienestar y salud, nos urge también politizar y problematizar como estudiamos, como consumimos y en definitiva, como somos. 

Ahora, en plena resaca post-electoral conviene recordar las palabras de la líder verde Petra Kelly: "Reconocemos que cada uno de nosotros es parte de los problemas del mundo, y también parte de la solución. Los peligros y las posibilidades no están fuera de nosotros. Comencemos a trabajar allí donde estemos. No hay necesidad de esperar que las condiciones sean ideales."
 

Fecha alta: 26/02/2008


De Río a Johannesburgo: salvemos la cumbre, salvemos el planeta

Alcanzar una sociedad mundial sustentable es la utopía del siglo XXI. En el corazón del proyecto está el objetivo de aliviar tanto la pobreza rampante como aliviar la riqueza escandalosa. No hay otra forma de proveer hospitalidad a muchas más personas en el mundo sin deshacer las delicadas redes de la vida que nos dan soporte. Pero, comprender el desarrollo como crecimiento es el problema en lugar de la solución. Casi siempre el desarrollismo ha fracasado en eliminar la miseria y ha empeorado la destrucción ecológica. La economía globalizada ha agravado el dilema entre el crecimiento ilimitado y la preservación de un futuro vivo en un planeta finito.

El pronóstico del programa ambiental de la ONU está claro: «las economías industriales de Norte América, Europa y partes de Asia consumen cantidades inmensas de materias primas y energía y producen altos volúmenes de residuos y emisiones contaminantes, produciendo daño ambienta a una escala global y una amplia disfunción de los ecosistemas. La pobreza de la mayoría de los habitantes del planeta y el consumo excesivo de la minoría son las dos causas principales de la degradación ambiental. La tendencia actual es insostenible y aplazar la toma de acción ya no es una opción.»

La Cumbre de la Tierra de la ONU en Río en 1992 lanzó el término desarrollo sostenible como una nuevo y alternativo progreso. Esta idea tan divulgada tiene resultados prácticos decepcionantes. Diez años después de Río, el cambio climático avanza, los vitales recursos de la biodiversidad como el agua, los bosques y los bancos de pesca son saqueados a un ritmo frenético, y el abismo entre ricos y pobres en el mundo se ensancha cada día.

La Cumbre sobre Desarrollo Sostenible en Johannesburgo del próximo agosto ha de hacer balance sobre el estado del mundo. Pero nos preguntamos si la comunidad internacional estará dispuesta a enfrentarse reflexiva y críticamente a dos tremendos desafíos: la pobreza crónica en el Sur y la opulencia devoradora de recursos ambientales, sobretodo en el Norte. ¿Cómo avanzar durante la próxima década hacia la equidad y la ecología?

Las perspectivas no parecen muy favorables. Por un lado los Estados Unidos busca minar cualquier intento de gobernabilidad multilateral de la globalización y se opone a todo acuerdo vinculante a favor de la sostenibilidad, optando por la religión del libre comercio como panacea para todos los males mundiales. Por otra parte, algunos países del Sur intentan centrar la cumbre exclusivamente en el desarrollo y no en el medio ambiente. Significaría un error histórico por parte de los países empobrecidos considerar la preservación de la biosfera como un lujo y una cuestión exclusiva del Norte, y no un requisito crucial para el bienestar de las personas más marginalizadas de la ciudadanía mundial. Difícilmente se erradicará la pobreza sin la preservación ecología, tampoco habrá ecología sin equidad. Una visión ambiental del desarrollo es indispensable para que el Sur salga de la sombra hegemónica del Norte y pueda dar el salto de la rana por encima de sus obsoletos modelos de maldesarrollo basados en la depredación natural y en fuentes energéticas fósiles.

El nuevo dogma dominante y representado por el Foro de Davos defiende la magia de que el crecimiento global y el comercio ilimitado pueden fomentar la justicia y la sostenibilidad, cuando todas las evidencias apuntan en la dirección contraria. Muchas de las fuerzas críticas anti-globalización del Foro Social de Porto Alegre creen que un crecimiento más equitativo y un comercio controlado democráticamente son requisitos suficientes para la justicia global. A pesar de sentirnos mucho más cercanos a Porto Alegre, ambos análisis coinciden en obviar las restricciones que imponen los límites biofísicos del planeta y la urgente necesidad de cambiar radicalmente las formas productivistas de producción y consumo para un mundo más justo.

Desde la cumbre de Río se han dado iniciativas relativamente exitosas Ðcomo las Agenda 21 y algunos tratados ambientales internacionalesÐ pero, sin embargo, no se comprueban en cambios en los resultados y tendencias globales de sobreexplotación del mundo biofísico. La globalización económica arrastra gran parte de los avances hechos a nivel micro o local, esparciendo la volatilidad de la economía casino a cada rincón del mundo y colocando a los tesoros naturales del Sur a expensas de los vaivenes de un mercado mundial frenético.

En los debates previos a la cumbre de Johannesburgo una pregunta destaca por encima de todas: ¿Qué significado tiene la justicia en un espacio ambiental finito? Desde la justicia urge ampliar los derechos de l@s pobres a sus habitats y también es una llamada a recortar el acceso de los ricos a los recursos. Un nuevo reequilibrio en el que los sub-consumidores necesitan más derechos a los recursos y los sobre-consumidores menos. Los intentos de las comunidades locales de mantener su sustento (livelihood) suele chocar con los intereses de clases urbanas y multinacionales de aumentar su consumo y sus beneficios. Estos flagrantes conflictos sobre recursos sólo pueden ser atenuados a favor de la justicia de supervivencia si los más pudientes inicien una transición hacia pautas más ligeras de producción y consumo.

Los derechos al sustento (livelihood rights) desmienten la sabiduría al uso de que la lucha en contra de la pobreza esta en contradicción con la protección ecológica. Al contrario, el sustento sólo se puede mantenerse asegurando el acceso de los más débiles a tierra, semillas, bosques, pastos, pesca y agua. Además, la contaminación del aire, suelo, agua y alimentos afecta crónicamente a la salud de los pobres, especialmente en las ciudades. Dado que la conservación de recursos se basa en los derechos de comunidades locales se liga la ecología y la equidad.

Ampliando el espacio democrático es la mejor forma de proteger el medio ambiente. Urge un marco internacional para consolidar los derechos de comunidades locales ricas en recursos ante mega-proyectos de industria, minería, turismo y otras actividades extractivas. Los derechos ecológicos de las comunidades deben incluir el derecho a una información completa, derechos de los consumidores, la aplicación del principio de precaución y la responsabilidad civil de los contaminantes.

La sustentabilidad social y ambiental exige un gobierno de los mercados. Nos faltan tratados de comercio internacional que fomenten la ecologia y la justicia, no solo la eficiencia económica. Desde esta perspectiva la liberalización al estilo de la OMC debilita la cohesión social, mina la seguridad alimentaria y amenaza a ecosistemas por todas partes. Para servir a los objetivos de los derechos humanos y de la sostenibilidad las naciones deben tener a la posibilidad de regular al comercio a favor del bien común y de que los tratados ambientales tengan preferencia a los comerciales.

Sólo unas innovaciones institucionales pueden iniciar una nueva agenda histórica. La creación de una Organización Mundial de Medio Ambiente, el establecimiento de una descentralizada Agencia Mundial de Energías Renovables y la instauración de una Tribunal Internacional de Arbitraje, todas ellas en una jerarquía por encima de la OMC, serían unos pasos importantes hacía una gobernabilidad más justa y verde de la globalización.

Fecha alta: 26/02/2008


En Polonia con el nuevo Ministro de Medio Ambiente y en un acto de ecología urbana

El ministro pidió hablar conmigo sobre el conflicto de valle de Rospuda, el disputado trazado de la Vía Báltica que acecha sobre una de las regiones más ricas en biodiversidad de Europa. Antes de reunirme con él, asistí a su lado a un acto de entrega de premios académicos de medio ambiente. En su discurso explicó su rechazo a los cultivos transgénicos y denunció la presión de los lobbies y de la misma Comisión Europea para que Polonia aceptara la legalización de más variedades transgénicas.

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Fecha alta: 04/12/2007


La petro-política de Hugo Chávez: ¡ buena, bonita y barata !

Es cuanto menos curioso que algunos analistas políticos y cierta izquierda bienpensante sigan teniendo en gran estima la figura y el modelo político de Hugo Chávez. Toda la política populista de Chávez se basa en rentabilizar sus recursos naturales de combustibles fósiles posibilitando un cierto apoyo social popular y fomentando una diplomacia e intercambios internacionales petroleros. Ofrece gasolina "buena, bonita y barata" por doquier, y al grito de ¡más madera! ejerce un notable liderazgo contra el clima del planeta. Y en el camino, Chávez pisotea además unos derechos tan fundamentales (algo bastante corriente en demasiados países) como son los de prensa, o intenta eternizarse otorgándose poderes cuasi-divinos a lo Fidel Castro. 

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Fecha alta: 27/08/2007


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